A través de la Historia

Mazatlán. Una Ciudad sin Acta de Nacimiento.
Por Mario Martín
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La ciudad colonial de Mazatlán anda por la vida como los hijos del desamparo: queriendo ser reconocida sin acta de nacimiento.
A pesar de que existen dos decretos municipales de 1979 y 1981 que determinan que la fecha de fundación del puerto ocurrió el 14 de Mayo de 1531, historiadores, cronistas oficiales, arqueólogos, comunicadores e investigadores sociales han puesto en duda el respaldo historiográfico en el que se basó don Miguel Valadéz Lejarza, entonces cronista de la ciudad, para convencer a los gobiernos municipales de Raúl Ledón Márquez y José Hipólito Rico Mendiola para que oficializaran una fecha fundacional.
Es decir, el anterior 14 de Mayo la ciudad cumplió 473 años de haberse fundado por decreto, pero ninguna autoridad municipal o estatal se aventuró a realizar un festejo para recordar tan importante ocasión. Con excepción de los festejos que se hicieron con estruendo para celebrar el 450 aniversario de fundación, ningún presidente municipal de los últimos 25 años ha tenido la intención de festejar un evento colgado en la historia con alfileres.
Con el transcurrir de los años y la profesionalización de la investigación histórica la débil propuesta del 14 de Mayo de 1531 se desvanece ante la prueba del tiempo. El surgimiento de nuevos documentos sugieren que el acto protocolario de fundación pudo haber ocurrido en el último tercio del Siglo 18, pero jamás en los tiempos de la conquista del Occidente de México a cargo de Nuño Beltrán de Guzmán, ocurrida en el primer tercio del Siglo 16.
De acuerdo a la aportación de arqueólogos e investigadores, la región donde actualmente se asienta la ciudad tuvo una modesta y esporádica presencia indígena, puesto que los asentamientos sedentarios se ubicaron a la vera de los ríos, como lo prueban los hallazgos arqueológicos en las inmediaciones del Río Presidio y en la zona del Walamo, a 30 kilómetros al sur del puerto.
Pero no hay documentos o arqueología que demuestren que en el conocido Valle de Mazatlán hubiera asentamientos permanentes. En cambio, los cronistas que acompañaron a Nuño de Guzmán y las posteriores avanzadas de misioneros jesuitas no mencionan al puerto como un lugar de importancia. En cambio, señalan con precisión los asentamientos que hubo de manera permanente en el presidio de San Juan Bautista (hoy Villa Unión) y en el Río Piaxtla.


 

LA CRÓNICA DEL PADRE TELLO:

Por el gran amor que le tuvo a Mazatlán, Valadéz Lejarza se adelantó a sus contemporáneos y durante varios años se dedicó en cuerpo y alma a recuperar información y documentos que le permitieran dotar de una acta de nacimiento a la ciudad colonial. De tal suerte, encontró en la Crónica Miscelánea del Padre Antonio Tello los elementos suficientes para determinar que “Nuño Beltrán de Guzmán" mandó poblar el puerto de Mazatlán el 14 de Mayo de 1531, en la venida del Espíritu Santo.
Sin embargo, análisis computarizados de la obra de Tello concluyen que los textos adolecen de muchas imprecisiones puesto que la mayoría de ellos fueron contados por otros cronistas, independientemente de que el autor hizo el relato general de los hechos casi 100 años después de haber ocurrido. Además, el sacerdote tenía 86 años cuando escribió su Crónica Miscelánea y hay pasajes enteros que comprueban deficiencias en su lucidez y en la objetividad de los acontecimientos.
Lo cierto es que la actividad formal del puerto sucedió a partir de la segunda década del Siglo 19 cuando las Cortes de Cádiz dieron la autorización para que se abriera al comercio internacional. Fue a partir de 1822 cuando empezó el despegue hacia la época de abundancia y prosperidad que distinguió a Mazatlán durante todo ese siglo y, cuando menos, la segunda mitad del Siglo 20.
Con la apertura de la aduana en 1828, el puerto y la ciudad se desarrollaron rápidamente para convertirse en unos cuantos años en el centro abastecedor de la región noroeste del país. Con el arribo de una verdadera legión de extranjeros, formada por alemanes, españoles, italianos, franceses, filipinos, chinos y algunos norteamericanos que vinieron a explotar las minas de la zona serrana del sur de Sinaloa, aquella región despreciada por conquistadores y misioneros se convirtió en unos cuantos años en La Perla del Pacífico, una ciudad luminosa y pretenciosa que, sin embargo, se desarrolló con la anarquía a la que obligaba una geografía accidentada y urbanamente complicada.
Pero no fue nada fácil para mexicanos y extranjeros levantar una ciudad que desde sus orígenes estuvo prisionera entre marismas, planicies por abajo del nivel del mar y cerros suicidas, donde cualquier construcción o introducción de servicios representó un reto monumental.
Al comienzo del Siglo 21, algunos historiadores profesionales, cronistas oficiales, sociedades de profesionistas y comunicadores se han propuesto encontrar una fecha sin mácula para que el puerto deje de ser un hijo ilegítimo de la historia.

Continuará…

 
 

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Última modificación: 18 de Julio de 2004 10:58 a.m.

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