Julio 26, 2017 6:38 pm

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El Incidente del Chanticleer en Mazatlan

En 1866 un Incidente entre miembros de la armada inglesa
y de aduanas mexicanas estuvo a punto de destruir a Mazatlán

>>> El capitán del barco se negó a pagar y el caso fue reportado tanto al gobernador del estado como a la aduana de Mazatlán. 

>>> Ante la falta de elementos de seguridad una vez terminado el bombardeo saqueos y motines comenzarían instantáneamente.

El  once de mayo de mil ochocientos sesenta y ocho, proveniente de San Blas, llegó a este puerto el buque de guerra inglés Chanticleer. Ese mismo día partió rumbo a otros puntos del golfo. El once de junio el barco se encontraba en las cercanías de Altata cuando se colocó en una situación de peligro y mediante un disparo de cañón pidió ayuda a las autoridades portuarias. De inmediato un piloto fue enviado para auxiliar en las labores, y una vez a salvo en el puerto se le exigió el pago de la maniobra de pilotaje. El capitán del barco se negó a pagar y el caso fue reportado tanto al gobernador del estado como a la aduana de Mazatlán.

Días después el Chanticleer regresó a nuestro puerto, y los oficiales del navío celebraron contrato con un comerciante de la localidad, de quien obtuvieron seiscientos treinta y tres dólares para avituallarse. Previniendo que las autoridades de la aduana pudieran considerar tal transacción como contrabando, se pidió permiso a éstas para llevar el dinero al barco. El dieciséis de junio el pagador general del barco, señor Wallace, realizó las compras que necesitaba y se dirigió hacia su navío aún llevando trescientos setenta y ocho dólares en efectivo. A pesar de haber dado aviso a las autoridades aduanales sobre el préstamo monetario, al pasar por el edificio de la aduana el señor Wallace fue detenido por los oficiales de ésta, quienes lo esculcaron y encontraron en una bolsa secreta el efectivo mencionado, mismo que de inmediato fue confiscado bajo cargos de contrabando. En realidad la búsqueda se debió a que un oficial de la aduana había recibido noticias de que el pagador del barco inglés estaba realizando dichas labores ilícitas. Jesús Vega, uno de los empleados involucrados en este asunto aseguraba que él personalmente había obligado a Wallace a entregarle veintitrés onzas de oro.

William H. Bridge


El señor Wallace fue a su navío y reportó los hechos a su capitán, William H. Bridge. Sin perder tiempo éste bajó a investigar los hechos, pero al no saber qué hacer buscó ayuda entre los comerciantes. Ya de regreso al barco, el capitán pasó por el edificio de la aduana y fue detenido por tres oficiales aduanales quienes, sospechando que se trataba de un contrabandista más, lo esculcaron mientras se mofaban de él. El inglés les hizo saber que estaban tratando, en realidad maltratando al capitán de un buque de guerra inglés, lo que provocó las risas y burlas de estos oficiales quienes lo dejaron ir una vez que lo humillaron.

Al día siguiente el capitán Bridge envió una nota de protesta al general Ramón Corona demandándole en primer término que los oficiales de la aduana que lo habían ultrajado fueran enviados al Chanticleer donde él personalmente les propinaría el castigo que merecían; luego exigía la devolución del dinero confiscado y por último una sanción pecuniaria por los insultos recibidos. Estas exigencias debían ser satisfechas en un plazo no mayor de veinticuatro horas. Corona se deslindó del caso  haciéndole saber que no tenía jurisdicción ya que él sólo era el Comandante de la Cuarta División del “Ejército Mejicano” y que si quería justicia debería recurrir a los juzgados y en última instancia acudir directamente al gobierno federal. El día siguiente el capitán del navío inglés y otro de sus oficiales bajaron a tierra en uniforme completo y se entrevistaron con el cónsul inglés, con quien enviaron una nueva nota a Corona. El día diecinueve el capitán envió una nueva nota a Corona exigiéndole la devolución del dinero y una disculpa por los insultos recibidos; de no hacerlo así él ya resolvería el asunto a su manera. Una vez más el militar mexicano le respondió lavándose las manos.

Ramón Corona Madrigal

Resuelto por completo, el día veinte de junio William H. Bridge envió al cónsul estadounidense la siguiente nota:

“Barco de Su Majestad Chanticleer en Mazatlán. 20  de junio de 1868.


Señor:

Tengo el Honor de informar a usted que habiendo fracasado procurar reparación de las autoridades mexicanas en Mazatlán por el gran insulto que me fue infligido por el departamento de aduanas, me veo compelido a tomar medidas sumarias para repeler los insultos. Por  tanto, bloquearé el puerto de Mazatlán desde este mediodía, y haré dicho bloqueo en tanto lo considere necesario. Si requiriese de fuerzas para llevar a cabo mis intenciones, me veré obligado a recurrir a ellas. Pero será mi deseo, mientras inflijo este castigo al gobierno de Mazatlán, en lo posible no causar daños a la propiedad privada.


Le ruego tenga la bondad de izar en su consulado la bandera de los Estados Unidos y notifique a sus paisanos en Mazatlán mis intenciones.

Antes de abrir fuego al edificio de la Aduana y otros edificios públicos izaré la bandera inglesa en el mástil y dispararé una salva, para que los habitantes puedan alejarse del peligro.

Tengo el honor, Señor, de ser su más obediente servidor.  

W. H. Bridge. Comandante y Señor Oficial. Costa Occidental de México”.

Al mismo tiempo, el inglés hizo pública la siguiente carta:
“20 de junio de 1868.

A los habitantes de Mazatlán

Considerando los graves insultos que han sido infligidos al comandante y otros oficiales del Barco de Su Majestad Chanticleer por las autoridades de Mazatlán; y considerando que ha sido negada una satisfacción por tales insultos.

Por tanto hago saber que a partir del mediodía del día 20 de junio de 1868, el puerto de Mazatlán será bloqueado y cualquier barco mexicano que intente salir del puerto será inmediatamente detenido.

La bandera británica será izada en el tercer mástil del Chanticleer y una salva disparada, para advertir a los habitantes que se alejen hacia un lugar seguro.

William H. Bridge.
Comandante del Chanticleer”.

El cónsul estadounidense recibió la nota a las diez de la mañana del sábado veinte y tan sólo dos horas después, exactamente a mediodía, tal como había amenazado, el barco inglés comenzó el bloqueo del puerto mazatleco. 
El HMS Chanticleer en Canadá. 1860
El capitán Bridge había amenazado con bombardear la aduana y otros edificios públicos el lunes veintidós, y no había duda de que cumpliría su palabra. La noticia pronto se esparció entre la población y con ella cundió el pánico. De inmediato algunos ciudadanos buscaron un mediador en el conflicto y acudieron al cónsul estadounidense y al de Prusia. Los ciudadanos estadounidenses por precaución izaron su bandera en sus propiedades. Esa misma mañana del día veinte el cónsul de Estados Unidos y el de la República de Ecuador, señor Arzúa, acudieron a platicar con Ramón Corona y le instaron a que resolviese ese conflicto. Él mantuvo su postura de que el caso escapaba de su jurisdicción. No obstante, debido a la gravedad del asunto, enviaría una nota al capitán inglés. Aunado a lo anterior, el diplomático estadounidense y el de Prusia, señor Fuhrken, enviaron una nota al capitán del buque inglés y el segundo también envió una nota a su similar de Inglaterra en el puerto solicitándole impidiera el bombardeo.

A instancias de sus oficiales de marina,  Ramón Corona mandó montar en el edificio de la aduana tres piezas de artillería y una guardia integrada por doscientos soldados al mando del coronel Adolfo Riestra. Era entre las cinco y cinco treinta de la tarde cuando cuatro lanchas, cada una con ocho soldados armados, bajaron del barco inglés y se enfilaron hacia el enclenque muelle frente a dicho edificio, donde la artillería del ejército mexicano se aprestó a repeler el desembarque. La noticia se propagó de inmediato y muchos mazatlecos, hombres y mujeres, con curiosidad fueron a la playa a observar lo que parecía el inicio de una nueva guerra. Un elevado número de ciudadanos quería unirse en la defensa de su ciudad y pedía al ejército armas;  el general Neri, subalterno de Ramón Corona, las repartió todas.  Soldados y civiles mexicanos esperaban a los ingleses gritándoles palabras ofensivas y obscenidades, mismas que fueron correspondidas desde las canoas. Al ver la aduana defendida de tal manera  los ingleses abandonaron su misión y se vieron obligados a regresar al barco. A decir verdad no es posible establecer cuál o qué era su tarea, tal vez tomar la aduana o simplemente asustar a las autoridades de Mazatlán.

Después de una noche de tensa calma llegó el domingo veintiuno, cuando por precaución, del edificio aduanal fueron sacados los archivos y demás bienes de valor. Lo mismo hicieron los soldados, quienes removieron del cuartel sus similares. Por supuesto que los comerciantes no se quedaron atrás. También ese día el diplomático estadounidense envió al capitán inglés la siguiente nota:

“Señor”:


En unión de los cónsules de Inglaterra y de Prusia, siento que es mi deber llamar su atención sobre la gran destrucción de vidas y propiedades que habrá de resultar del bombardeo de esta ciudad.

Como la ciudad es indefensa y la mayoría de las propiedades pertenecen a extranjeros, verdaderamente espero que usted pueda obtener reparación de alguna manera más leve.

Muy respetuosamente.
Isac Sisson. 
Cónsul de  Estados Unidos

Ese mismo día el gobierno del estado a través de una nota en su periódico oficial, Regeneración de Sinaloa, dio cuenta de este intento de desembarco y de la reacción patriota de civiles y militares. De la misma forma justificaba el acto de los oficiales de  la aduana aduciendo que el decomiso del dinero del militar inglés se había hecho con estricto apego a las leyes.

Mientras tanto el Chanticleer seguía bloqueando el puerto, aunque de manera selectiva, ya que sólo detenía los barcos de bandera de la República Mejicana por unos minutos para luego dejarlos continuar su viaje. Como estrategia diplomática Ramón Corona hizo saber a William H. Bridge que evacuaría sus tropas de la plaza al momento de que el buque inglés iniciara las hostilidades, a la vez que le reiteraba que el asunto escapaba de su competencia.

Muy temprano en la mañana del día veintidós familias completas evacuaban la ciudad mientras que el Chanticleer tomaba posición para iniciar el bombardeo.  Los comerciantes se sentían atrapados entre Escila y Caribdes; si los ingleses bombardeaban la ciudad el ejército mexicano la evacuaría. Y ante la falta de elementos de seguridad una vez terminado el bombardeo saqueos y motines comenzarían instantáneamente. Fue por ello que los hombres de negocios entraron en contacto con el capitán Bridge y le expusieron estos argumentos, haciéndole saber que, amén de los muertos y daños a las propiedades,  quienes mayormente se verían afectados por el bombardeo serían precisamente ellos, comerciantes conciudadanos de él y de otros países amigos del imperio británico. Razones por las que le pidieron reconsiderara su decisión de reducir a escombros el edificio de la aduana y demás edificios públicos. Aún más, ellos consideraban que su cólera era justa y  apoyaban su determinación de buscar una satisfacción, aunque no tan severa. Y en vista de que las autoridades de la aduana se negaban a pedirle disculpas,  y que Ramón Corona aducía ser ajeno a dicho conflicto, todos ellos en conjunto le pedían disculpas por los insultos recibidos.

El capitán del Chanticleer les hizo saber que si todos en conjunto firmaban una carta pidiéndole perdón, él reconsideraría el asunto. Fue así como los principales comerciantes del puerto se unieron para escribir una carta en la cual le pedían disculpas por los insultos recibidos y le rogaban no bombardeara Mazatlán. Al recibir la carta William. H. Bridge convino de inmediato en no bombardear la ciudad. Sin embargo el bloqueo al puerto continuaría en tanto no recibiese instrucciones de su Almirante General en la costa.

Días después los gobiernos mexicano e inglés tomaron el asunto en sus manos  y éste ordenó al capitán del Chanticleer zarpar rumbo a Panamá. Además envió otro navío de su escuadra que se encargaría de reactivar los lazos de amistad con Mazatlán . Por su parte el gobierno mejicano suspendió a los empleados que habían intervenido en el maltrato al capitán del Chanticleer. Jesús Vega, el oficial aduanal que había confiscado el oro al pagador Wallace, aducía en su defensa haber actuado siempre conforme a ley .

Casi un mes después, el viernes 17 de julio, en Londres, Inglaterra, el asunto fue tratado en la Casa de los Lores.

El Bloqueo de Mazatlán

Pregunta:

El Duque de Denbigh pregunta si es cierto que una fragata está bloqueando el Puerto de Mazatlán; Y si es así, si tal bloqueo ha sido debidamente autorizado por Su Majestad en Consejo y publicado en la Gaceta. Sin embargo, debe primero establecer que ya que él ha puesto esta noticia en el periódico, más particulares respecto al supuesto bloqueo han sido publicadas en los periódicos. El bloqueo de un puerto es una operación muy importante y debe ser llevada a cabo de una manera muy cauta. Debe remarcar que hace algunos años, a consecuencia de un número de marinos ingleses mortalmente heridos, el puerto de Jedah había sido bloqueado, y en consecuencia grandes dificultades y complicaciones surgieron entre el gobierno turco y el de Su Majestad. Si los sucesos de Mazatlán fueran ciertos, el comandante británico aparecería haberse comportado de una manera ultrajante, y ha demostrado no ser digno de permanecer al servicio de Su Majestad. Los detalles fueron narrados en el Pall Mall Gazette de anoche.

Periódicos americanos a nuestro alcance esta mañana, publican lo siguiente, fechado en San Francisco, 2 de julio: “Noticias de Mazatlán del 22 de junio reportan que seria dificultad ha ocurrido entre el Comandante Bridge, del vapor de guerra inglés Chanticleer y las autoridades mexicanas en este lugar. El Chanticleer, Se dice, estaba en posición riesgosa en la costa y mediante un disparo de cañón pidió asistencia. Un piloto fue y liberó el barco de su posición de peligro, pero el comandante del vapor se rehusó a pagarle al piloto por sus servicios, y procedió a Mazatlán. El colector del puerto de Mazatlán fue notificado que uno de los oficiales del vapor de guerra británico estaba envuelto en llevar numerario abordo para evitar los impuestos de exportación, y causó su arresto. El oficial fue esculcado y le fue encontrada una cantidad de oro. El capitán del Chanticleer vino a tierra y, de una manera muy excitada, declaró que su barco y su persona habían sido insultados por el trato indigno hacia sus subordinados. Siguieron palabras altisonantes, las cuales culminaron en el arresto y esculque del comandante británico por orden del colector, quien aseveraba sus sospechas de que el comandante también estaba implicado en el contrabando de numerario abordo de su barco. El capitán Bridge entonces fue a su barco y notificó a los habitantes de Mazatlán que estaba a punto de bombardear la ciudad por los insultos conferidos a la bandera inglesa. La proclamación de hostilidad del capitán causó gran agitación, y numerosos comunicados por escrito pasaron entre el capitán Bridge, el general Corona y las autoridades civiles. El cónsul de los Estados Unidos, Sr. Sisson, actuando como mediador por último indujo al comandante británico a modificar su proclamación para poner al puerto de Mazatlán bajo bloqueo sólo de barcos mexicanos, hasta que recibiera órdenes del almirante británico. No se interfirió con barcos americanos y otros extranjeros. Se asevera que la acción del general Corona y las autoridades mexicanas es aprobada por los residentes extranjeros en general. El vapor de guerra de Estados Unidos Suwanee había partido de Acapulco rumbo a Mazatlán para proteger los intereses americanos en ese lugar. El vapor Resaca de los Estados Unidos estaba en La Paz el 21 de junio. Noticias adicionales de México establecen que el comandante Bridge primero demandó que el oficial que había esculcado a su subordinado fuera enviado a bordo del Chanticleer para lo que el comandante dispusiera. El general Corona respondió que antes que ceder a tal ultraje permitiría que la ciudad fuera bombardeada, y le dijo indignado, que si tenía alguna reclamación que hacer debería hacerla en la manera acostumbrada en las naciones civilizadas y a través del canal apropiado.”

No ocuparía más el tiempo de Sus Señorías, sino simplemente preguntaría si el Gobierno ha recibido información auténtica de esta cuestión.

Duque de Malmesbury:

En respuesta a la pregunta de mi noble amigo debo establecer que el gobierno de Su Majestad no ha recibido ninguno de esos detalles que él parece haber obtenido a través de periódicos americanos. Sus Señorías juzgarán -porque yo no puedo pronunciar opinión alguna al respecto- si esos detalles son auténticos o no. Todo lo que el gobierno de Su Majestad ha oído es que el 4 de julio el almirantazgo supo por un telegrama que un ultraje había sido cometido a unos marinos o súbditos británicos -no sé exactamente cuáles- y que el capitán Bridge por sí mismo detuvo la entrada al puerto de Mazatlán. Coincido con mi noble amigo en establecer que un oficial no tiene derecho en sus responsabilidades para cometer un acto tal. Al mismo tiempo hay circunstancias que justifican, escollos brazos de la ley, como sus Señorías saben. Pero al no conocer de tales circunstancias, no se puede pronunciar opinión al respecto. El día 10 de este mes el almirantazgo también recibió un despacho telegráfico del vicealmirante Hastings diciendo que había enviado órdenes al capitán Bridge de levantar el bloqueo. Eso es todo lo que hemos oído de ese tema, y ninguna otra inteligencia auténtica nos ha llegado.

Varias lecciones nos deja este artículo de Antonio Lerma Garay. Una muy actual, y es el tema de los residentes extranjeros, los cuales al igual que hoy son parte importante e interactuante en esta cuidad.

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