septiembre 19, 2017 11:30 pm

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Filosofia Marismeña/Tiempos

 FILOSOFÍA MARISMEÑA/TIEMPOS


MC RAMÓN LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI


Mazatlán, Sinaloa, México a 29 de Septiembre del 2015.- No sé el tiempo que habrá pasado desde aquellos años lejanos en los que la vida discurría siguiendo el orden cíclico que aseguraba el equilibrio marcado por las cuatro estaciones, pero tengo la impresión de que han sido siglos enteros, y quiero escribir los recuerdos que vienen a mi memoria de tarde en tarde antes de que los arrastre el olvido como remolca cuanto encuentra a su paso el río en época de lluvias “No hay viaje sin camino, sin orientación, sin marcas, sin rumbo, todo camino es repetible por muchos caminantes”.

Escribir las costumbres antiguas de los pueblos, puede ser un reconocimiento y un acto de justicia hacia los hombres y las mujeres que las vivieron. “El desarraigo respecto a los lugares se sustituye por el desapego respecto a las cosas”

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Una mañana de cielo ceniciento, en aquella temporada del año todas las mañanas amanecían con el cielo ceniciento, mi padre ataba la vaca en el corral de la casa y me ponía a lavar la ubre mientras amamantaba al becerro para que bajara la leche.  Mi tía Victoria  sacaba de las hornillas agua caliente, y se las iba echando pausadamente por el lomo, en los ijares, por los cuartos traseros, mientras mi padre iba quitando los restos de basura pegada a la ubre, en la cola. Al terminar la mañana, las vacas estaban completamente limpias, descansadas y ordeñadas. Después mi padre se ponía a desayunar. Las vacas salían del corral para ser llevadas al potrero, se iban una detrás de otra sin atender al tiempo, pacientemente, una detrás del otra siguiendo al toro.

Mirando sólo al camino, al cielo y un servidor arriándolas sobre el lomo de un caballo. Diez años antes todos tenían vacas, pero la gente empezó a preferir los carros, los tractores para la labranza y poco a poco los caballos, burros y vacas fueron desapareciendo de las praderas y las calles del pueblo. Luego llegaron los quebrantos familiares por los accidentes que ocasionaban arriba de los carros los jóvenes al embriagarse y manejar. Las desgracias estaban presentes. Ahi, en un lugar olvidado por la civilización, entre montes y arroyos, vivía un niño que es el que actualmente escribe esto. Esto fue en un tiempo no registrado por los calendarios, pudo ser cualquier tiempo o cualquier lugar, pero fue una vez en la vida. Un tiempo en un pueblo en donde todos sus habitantes eran felices, los niños aún lo estaban más al sentirse satisfechos con la vida que disfrutaban.

Un día sentado bajo un árbol de tamarindo, un niño se encontraba triste, lloroso, reflexivo tratando en encontrar lo esencial de su vida, quería saber de una buena vez ¿Quién era y cuál era su función en esta vida? Su maestro le decía que era muy inquieto y que si realmente quería ser una persona importante debería concentrarse en lo que aprendía dentro del aula. Si realmente lo haces, serás grande y aunque esto no es nada fácil con el tiempo y concentrado las cosas van llegando solas. El miedo, como dicen los entendidos, es esa sensación de angustia, de inseguridad ante un hecho desconocido. Nos da también, o al menos desde mi percepción, una inestabilidad emocional, pero creo que muchas veces lo necesitamos para poder reaccionar y tomar decisiones, no importa si son o no acertadas.

Un amigo que tenía le decía que no escuchara que ser grande es muy fácil, solo es dejar correr el tiempo, las cosas y de repente estarás convertido en adulto con todos sus defectos y virtudes. El niño se encontraba inquieto tratando en determinar ¿Quién tenía la razón?

Su corta vida hasta entonces había transcurrido escuchando el que hacer, lo que otros sugerían y al verse frente al espejo encontraba una imagen que no lograba llenarlo al tratar en ser copia de los demás y esto hacia que cada vez se sintiera más frustrado. Un día su conciencia le grito que no se desesperara, que sus preocupaciones pronto pasarían quedando como un recuerdo amargo y que sus problemas no eran tan graves como para que perdiera el tiempo reflexionando, que lo mejor era tomar la vida con lo que ofrece a cada etapa de la misma y él estaba en la edad de jugar, que los problemas se los dejara a los adultos, que no siguiera lo que los demás lo estaban llevando a ser ¿Ser yo, mismo? Y dejar que el mundo ruede. Tú jamás podrás encontrar la esencia de la vida, tu corazón no está preparado para llegar a ese fondo por más que cierres los ojos, abras los oídos, escuches a los que te dirijan “Niño, eres y niño debes vivir”

Tu destino es crecer y en su momento se te presentara la claridad que ilumine tu criterio para encontrar el camino en lo que estas destinado. Entonces buscaras ser capaz en cumplir la misión que tienes destinada. No busques aún en este tiempo ser respetado por tus sesudas reflexiones, más bien mantenerte dispuesto a disfrutar la vida en la etapa en la que estas y entonces jugando serás completamente feliz sin buscar respuesta a los complejos problemas de los adultos.

El niño pasó a ser joven y decidió no esperar a las oportunidades sino buscarlas, ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución, ver cada noche como un misterio a resolver, cada día como una oportunidad en ser feliz. Dejar en temer y simplemente saberse mejor que ayer. Que los sueños son para hacerlos realidad.

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