Vivencias de una gringa en Mazatlán.
Soy una gringa -o una gavacha o una guerita, entre otros adjetivos que los mazatlecos tienen para describir a la mujer norteamericana- viviendo en Mazatlán.
Qué maravilloso lugar, ¿no? En mi caso particular desde hace poco más de 2 años que vivo, trabajo y la paso bien en Mazatlán.Desde mi punto de vista, mucho es lo que ha cambiado Mazatlán desde que llegué.
Hablo español bastante cómodamente gracias a mi novio y sus amigos, quienes se negaron hablar en ingles conmigo! No me considero una periodista ni escritora; entonces que estoy haciendo entre estas páginas?
Considero que de acuerdo a la circunstancia, lo adecuado para este primer artículo es darles a conocer las motivaciones que tuve para hacer esta columna.
Hace bastante tiempo el anhelo de escribir ha tocado mi pensamiento. Sin embargo siempre lo pasé a otro término. Hasta que leí el libro de la chilena Isabel Allende “Mi País Inventado” –Por cierto la novela es muy buena, particularmente para aquellas personas que como yo somos ajenos a su país y cultura. Disfrute mucho las anécdotas que narra de la cultura norteamericana, y saboreé los recuerdos y exageraciones de su Chile.
En realidad mi anhelo de escribir pasó a ser una obsesión después de leer a Isabel Allende ya que al terminar su libro, no quise irme a dormir sin antes enviar una petición sobre mi propósito a Mazatlán Interactivo, la cual redacté saboreando mi última copa de vino argentino.
Esta primer columna esta dedicada a todos los extranjeros viviendo fuera de su nación y hogar, eso si, pero muy “en casa” en Mazatlán. Me encantan los mazatlecos, los mariscos, la banda y su clima húmedo y caluroso.
Para nosotros es una ventaja el que si no nos gusta algo, podemos irnos, nadie nos tiene a fuerzas; verdad? Menciono lo anterior, sólo para que sepan que aunque escribiré de la nostalgia que a veces nos invade y situaciones exasperantes con las que tropiezo por la ciudad, reconozco que tengo el derecho y la ventaja de “volver a casa” o invadir otra población desprevenida. Que padre y peligroso es el pasaporte norteamericano, ¿verdad?
Bien, una vez que les he presentado mis motivaciones por escribir, les invito a que en la próxima columna lean mis experiencias con la compañía de cable local. Espero poder llevarles una sonrisa o risita con mis colaboraciones.
Agua dulce