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En el Camino

 

Habitantes del mar y pescadores del norte.

Por: Mario Hinojos L. | Fotos: Ángel Ortega

Habitantes del Mar

Más de playa y más de norte. Luego de los pinitos y sus bañistas pequeños. Un vecino espacio suspendido en el tiempo. Ventanas y balcones. Balones y ventiscas. En eso que nos es de norte como sur que somos del Estado. En eso que nos es de mar y nos es de orilla como puerto que somos del Pacífico. Un vernáculo y local, y aferrado y pintoresco; y disfrutable rincón de marisma y pesca; y marisco, y cerveza y grupo norteño, nos permanece y nos pertenece.

Los chirrines se aposentan en la acera de la parte más sur de la Playa Norte sobre el Paseo Claussen. Y es ese pedacito, nuestro más reiterativo sentimiento pesquero dentro de una ciudad que se olvida, a veces, de su condición atarrayera.

Del Monumento al Pescador a la Playa Pinitos, metros y metros pequeños que dejan a su paso los puestos de chucherías para turistas ingenuos, orillas habitables de bañistas y un parque deportivo. Expendios, tres cantinas, marisquerías. Pangas, pangas en la orilla y pangas en la acera. También, pangas como macetas en las marisquerías. Y pescadores, que en una pérgola se beben la brisa y se beben la cerveza marina del Pacífico.

Habitantes del marY nada más… que eso nos queda de un pedacito auténtico y porteño que en su nombre lleva el norte, y en su estampa nos regala el hibrido perfecto entre la costa de cualquier sitio y el norteño espacio para la troca arreglada; y los beisboles nocturnos con pelota de hule.

Del Monumento al Pescador a la Escuela Ciencias del Mar y aunque la Playa Norte es más que esos pequeños metros, comprende una franja de arena desde La Casa del Marino hasta el complejo Valentinos. La Playa Norte en su mote común es esa entrada del ritual de pesca del pajarito. Donde los finales de abril se saborean entre los principios de mayo.

Cuando con luces entre las canoas atraen al pececito que desova y se aparea, los pescadores rebozan de pescado los recovecos de las embarcaciones y la vendimia se hace, ahí, inmediatamente, entre la gente que se acerca de noche haciendo fila para llenar los baldes y las jabas de pajarito para todo el año.

Espacio de historias encontradas. Ahí la primera calle mazatleca a unos pasos, uniendo esa Norte Playa con el puerto de altura entre los antiguos esteros de la Playa Sur. Pero ahí también los robalos, los pargos, los lenguados, las mojarras. Ahí, el abasto antiguo de estofados de caguama. Ahí los pelícanos, y ahí las gaviotas. Ahí  Martha Evelia, Fernanda Paulina, Ana Jazmín, La güicha, La canoa. Ahí los pescadores y sus pangas. Y los grupos norteños y los tríos que se unen.

Entre todo lo norte que nos es la Playa Norte. Y entre todo lo costa que nos dejan esos espacios derruidos, esas explanadas a pesar del escombro o la varilla. O el puerto azul abandonado a lo gris que se forma cuando la pintura se escarapela, siguen recordando la constante condición que somos; habitantes del mar y pescadores del norte.

 
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