Milagros Navideños
Recientemente, leí el cuento Navideño El Jardinero Fiel, de Clarissa Pinkola Estés. El cuento describe la tierna historia de un pinito que espera impaciente la temporada invernal, ansiando ser seleccionado para adornar la casa de una honorable familia durante los días de Navidad. Aunque está consciente que le dolerá mucho ser cortado, le reconforta saber que valdrá la pena imaginando a la familia adornándole con lucecitas y ornamentos y a los niños jugando y cantado canciones.
La realidad supera su imaginación, por lo cual se muestra complacido y agradecido de las atenciones que recibe previo, durante y posteriormente a la Navidad.
Sin embargo, con el paso de los días algo sucede que lo pone triste. El pinito es despojado de sus adornos, luces y es arrastrado hasta el sótano, en donde en plena oscuridad a través de una polvorienta ventana, apenas alcanza a ver la luz de una brillante estrella.
Perplejo nuestro pinito se pregunta ¿Cuándo volverán a adornarlo y admirarlo?
Amortiguando su pena recordando la tranquilidad del bosque, no obstante, el pinito no lamenta haber sido elegido para la celebración de Navidad, por el contrario, se reconforta al recordar lo bien que la pasó y que en realidad fue lo que tanto anheló.
Eventualmente el pinito es hecho pedazos para leña, pero increíblemente, su espíritu vuelve a llenarse de júbilo ya que de nuevo se encuentra en la sala del querido hogar, aunque esta vez, es colocado a un lado de la chimenea y posteriormente metido dentro de ella por la misma familia que hasta hace unas semanas lo adoraba.
Al principio no comprendía lo que pasaba, se resistía a ser alcanzado por las ardientes llamas, pero de nuevo su gran espíritu le lleva a darse cuenta que al ser quemado, es una forma de regresar el amor y cariño que le dispensó generosamente la familia durante la época de Navidad.
Al ver reunida a la familia frente a la chimenea, el pinito se llena de amor el cual desde lo más profundo de su corazón generosamente se lo brinda transformado en brillo y calor. Jamás imaginó poder brindar tanta luz y calor a los seres humanos.
Sin duda, el pinito se siente orgulloso de haber sido quemado para dar calor y luz a la familia y comprende que amar y ser amado es la máxima satisfacción de la vida.
Después de dar toda la luz y calor que pudo, sus cenizas son extraídas cenizas y colocadas con cuidado en una bolsa de papel, mismas que son guardadas hasta la primavera.
Cuando pensaba que ya no podía experimentar una vivencia más gloriosa que el intercambio de amor que vivió, llegó la primavera y sus cenizas fueron esparcidas por el jardín.
Una vez más, el pinito regresa a la tierra de la cual provenía bajo el cielo abierto. Ahí, se da cuenta que ahora ayuda a nuevas criaturas a crecer e inculcarles el amor que él experimentó.
Como muchos de nosotros, el pinito sólo deseaba saborear las mieles de alcanzar la meta prefijada por su rol natural. Sin embargo, su deseo de superación y espíritu inquebrantable le permitieron ser un árbol Navideño. Vivió afablemente su experiencia y nunca se lamentó o se sintió derrotado.
Gozó cada una de las transformaciones que experimentó hasta llegar a la última y más importante misión: regresar a la tierra para generar vida nueva.
No todos los pinos se conviertan en árboles navideños, son contados los que llegan a tal fin como nuestro pinito. Envuelto por el espíritu de la Navidad, el pinito dio y recibió amor una y otra vez hasta que creyó que no podía más. Fue entonces cuando se dio cuenta que aún le faltaba experimentar una nueva etapa: la de ser nutriente de la tierra, la que a su vez es fuente de vida de numerosas especies.
Cada ser humano puede experimentar y vivir los milagros de la Navidad en su vida cotidiana, solamente necesita ser perceptivo como el pinito.
La cadena de milagros de Navidad se puede hilar desde el Gran Hombre que nació en un pesebre, hasta el más pequeño arbolito. Los milagros… están en todos lados.