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Sinaloa Interactivo. Año 14. No. 01 / 2009
La Ruta de los Conventos Franciscanos en Puebla
Texto | Foto: M.C Cuauhtémoc Sánchez Aguilar
La arquitectura conventual en México fue instrumento para establecer la evangelización y el dominio religioso del territorio conquistado.

Los conventos construidos por los franciscanos, agustinos y dominicos continuaban una tradición monástica secular que se vio forzada a adaptarse a las nuevas exigencias impuestas por una conquista y que afectaron profundamente a su tipología. Desde un punto de vista religioso esta arquitectura tenía que funcionar como instrumento de atracción para una población que todavía no se había convertido al cristianismo o que acababa de hacerlo.

La tipología arquitectónica del convento “mexicano” del siglo XVI no fue la repetición de un modelo resuelto que se trasplanta de España a México. Los establecimientos religiosos poco a poco configuraron una tipología que, por su adecuación a las nuevas exigencias, se convierte en un tipo “standard”, estable y regular que se repite sistemáticamente: un atrio de planta rectangular con las capillas posas en las esquinas, la portería y la capilla abierta al fondo, la iglesia, las dependencias de los frailes y el claustro.

II. Conventos franciscanos

Las primeras órdenes que vinieron a México fueron franciscanos y llegaron en 1524; los dominicos los siguieron en 1526; los agustinos en 1533, y por último los jesuitas en 1572. El país fue dividido en provincias por órdenes religiosas y en diócesis por el clero secular. La rapidez con que se extendió la Iglesia Católica creando los conventos fue sorprendente.

Hombres de recio carácter, de firme voluntad y frugales en su vida diaria, la orden franciscana creó “La Provincia del Santo Evangelio”, aprendieron a conocer al indígena, se enteraron de sus costumbres, de su lengua y religión y trataron de interpretar su personalidad. Ponto se percataron de la profunda reticencia para entrar a presenciar los actos litúrgicos de la nueva religión en templos cerrados, construidos de acuerdo a patrones extraños a su cosmovisión de la deidad. Había que crear un recinto arquitectónico relacionado con sus tradiciones, superficies abiertas para llevar a efecto los actos religiosos. Implantar también ciertas prácticas religiosas formales de origen prehispánico, como procesiones y peregrinaciones, que los indígenas celebraban con gran solemnidad. Para la comprensión de la nueva religión, el misionero recurre a la forma de escritura indígena, pictográfica e ideográfica, ya sea a base de escenas pictóricas desarrolladas en amplias superficies murales o esgrafiadas en piedra, para que al ser vistas inicien al converso en algunos pasajes bíblicos que ilustran los temas fundamentales del dogma. Se crean así las capillas abiertas, los atrios, las capillas posas y las cruces atriales.
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