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Crónica de Samana Santa en el Paraíso |
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Reportajes Especiales de Mazatlán Interactivo
Texto: Iván Lizárraga - Fotografías: Iván Lizárraga Mahatma Millán
El lunes se veía de un dorado perfecto, un cielo como esos que sólo nuestra ciudad puede dar, un aire tranquilo y próximas vacaciones, ¿qué más se puede pedir en la vida? (pensé), los días pasaban lentos, pero al fin, el miércoles llegó.
La duda era si quedarme en Mazatlán o huir a Teacapan. Entre más pasan los años, uno busca lugres más tranquilos, fuera de los tumultos y grandes tráficos.
Mazatlán pintaba para ser una de las semanas santas mas visitada en su historia, así que sin pensarlo dos veces, hice dos llamadas (a mis compañeros de viaje) arreglamos las maletas, (solo una mochila), lancha inflable , una hilera , casa de campaña y mi perra Donna.
Tomamos la carretera del Caimanero, para evitar el tráfico y claro para ver el mar un poco más cerca. Pasaron dos horas y llegamos a Teacapan
Primer día
Miércoles 3 de abril
Teacapan, Sinaloa, México.
Paramos en Isla Paraíso, lugar donde se puede hacer camping, es zona residencial, hotel, botanero con alberca y vista al mar. ¿Algo más? Si, un bello paisaje, atardeceres de sueño…
Pagamos nuestro espacio para poner nuestra casa de campar, (50 pesos por casa) y a buscar donde ponernos.
El lugar cuenta con regaderas, baños, agua potable, luz, restaurante, así que no es difícil pasarla en ese lugar.
Entre risa y risa, entre ola y ola, a mi mente llega la canción o paraíso del grupo Madredeus.
Y se llegó a la hora de comer, Javier, compañero de viaje y trabajo, nos llevó a su casa, pues el es nacido en ese lugar, así que sus papás ya nos esperaban con un buffet interminable: callos de hacha, ceviche de caracol con botete, camarones para pelar, calamar y unas cervecitas pacífico bien heladas.
Ahí pasamos un buen tiempo y regresamos de nuevo a Isla paraíso, no sin antes llegar a llenar la hielera con pacíficos y comprar las respectivas “botanas”.
En otra ocasión he dicho que las palmeras borrachas de sol que cantó Agustín Lara, son esas, nunca he visto unas parecidas.
Así pasaron los días, las emociones, mi perra Donna enamorada, las horas que no se sentían, hasta llegar al final, un final que se resistía, pero que tenía que llegar.
Recogimos las casas, desayunamos en casa de los papás de Javier, Donna se despidió del perro Rocco, y a partir. De nuevo por el Caimanero hasta llegar a Rosario, ahí paramos por unas horas, nos bañamos en el río Baluarte, llegamos a un botanero, comimos callos de hacha de Teacapan, para sentir que seguíamos en ese lugar, y de nuevo la carretera, hasta llegar a Mazatlán, a dormir, a guardar los recuerdes en el corazón, en los sueños, en imágenes que navegaran en el tiempo y en nuestras vidas.
Quiero agradecer a mis compañeros de viaje; Mahatma Millán, Claudia Chavarin, Javier Mayorquín, y mi perra Donna, que sin ellos el viaje no hubiera sido igual.
PD: Parecería que sólo fue un día, el día miércoles de la llegada, pero no, fueron 4, jamás nos dimos cuenta del pasó de ellos.
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