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Presentará Lapidario, el martes 6 de marzo en la Casa del Poeta
SUÉLTATE EL CHONGO, BAILA, ENLOQUECE, DISFRUTA, GOZA: FRANCISCO MARTÍNEZ NEGRETE
*** Me cabalga el espíritu chocarrero de la poesía
Francisco Martínez Negrete se describe como un aventurero y aún vive una serie de zozobras que lo hacen ver su vida como una novela interesante. Dice que el poeta es una especie de Prometeo porque trata de buscar, como decía Mallarmé, un sentido más profundo a las palabras de la tribu y compartirlas con los demás. Ama el rock, porque es un género musical que es como él, salvaje y orgánico. Todo lo que emprende, lo realiza con la totalidad de su ser.
Cree en la celebración de la poesía y por eso presentará su obra más reciente: Lapidario, (editado en la colección Práctica Mortal, de la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes), el próximo martes 6 de marzo a 19 horas en la Casa del Poeta, Álvaro Obregón 73. Lo acompañarán Francisco Fenton, Carlos García Tort y Eduardo Uribe.
Francisco es delgado y practica yoga, por eso, a sus 53 años de edad, puede doblar sus piernas y hacerlas llegar a la altura de sus orejas. Es fanático de los Rolling Stones y del rock porque "es un grito de rebelión y de celebración, la música me hacer hervir la sangre, hay que vivir apasionados, prendidos y celebrando; suéltate el chongo, baila, enloquece, disfruta, goza, sé feliz, son actividades y sentimientos que nos harán vivir con mayor plenitud nuestras existencias en este breve paso por la tierra".
Dijo que su poesía es orgánica en la medida en que involucra a la totalidad de su ser. "Un poeta tiene que sensibilizarse ante el lenguaje, el pensamiento y las emociones que involucran al ser humano, así lo son poetas como Neruda y Vallejo cuya obra tiene una línea emocional muy fuerte.
En Lapidario, está presente su voluntad de despertar del sueño, "Calderón de la Barca decía que La vida es sueño y los sueños, sueños son. Vivimos, como dirían los budistas en el reino de la impermanencia. Lo que una cosa fue un día, al día siguiente se convierte en otra, eso lo saben muy bien las mujeres que son sirenas de lo onírico. Entender esta realidad nos retrotrae inmediatamente al presente porque es lo único que es real, todo lo demás son sueños”.
En Lapidario hay un viaje al interior y Francisco se encuentra en una etapa de reconocimiento. “La experiencia poética es pluridimensional. El poeta tiene la enorme responsabilidad de conocer el lenguaje, el mundo que lo rodea, y de implicarse con él y su realidad por más onírica que sea. La poesía es acción, es movimiento y ésta puede ir hacia afuera o hacia adentro. Cuando va hacia esto último uno encuentra umbrales y dimensiones por descubrir. He vivido la mitad del tiempo con una pata en el mundo real y con la otra, en otras dimensiones”.
Lo que ha encontrado, dijo, a veces lo ha aterrado. “En ocasiones hallo cuestiones que no esperaba, ni creía que yo pudiese ser o existir de esa manera, si es que todavía cabe llamar el yo a eso que está dentro de mí, donde ya no hay ningún ego, me refiero a niveles profundos de meditación, inclusive chamánicas que me llevan a otras dimensiones. Me interesa y apasiona todo lo que tiene que ver con la energía, el lenguaje y la materia, que como ha descubierto la física cuántica, no es sino pura energía”.
En la creación de Francisco Martínez Negrete el lector reconoce a quienes han sido sus maestros, Lezama Lima y Pessoa, por ejemplo, "Charles Bukowski, Allen Ginsberg, David Huerta, agregó él, todos los poetas somos una bola de rateros, todos nos influenciamos, nos vemos impelidos y abrumados por el trabajo de quienes nos anteceden, y retomamos las lecturas que nos impresionan y a la vez las digerimos, las reelaboramos y las sacamos como una experiencia integrada, nueva y que hacemos propia.
Otro espléndido y poeta mayor es Gonzalo Rojas, es un niño, es un poeta de una inocencia y de una velocidad que a sus ochenta años, a mí y a toda una bola de jovencitos nos hace sentir mucho menos frescos".
Inquirido respecto a si su creación es fruto del cálculo intelectual o parte de lo espontáneo, repuso que hay ciertos cálculos y determinaciones al escribir un poema, pero que en su caso su obra siempre le ha sido dictada por el mismo poema.
"La mayoría de las veces los poemas me llaman, me dicen, ven para acá y empiezo a escribir la primera palabra y realmente no sé ni qué voy a escribir, el poema se va escribiendo solo, se me va dictando, yo soy simplemente el canal, a mí me cabalga el espíritu chocarrero de la poesía que me hace tratar de escribirla".
Dice que Lapidario lo es en todos los sentidos, como lápida que es a la vez una joya, como la intención que Gautier tenía de hacer un poema como una joya; como aquél que trabaja las lápidas, como el comentario que se escribe en ellas, como un cementerio o como lo que atrapamos del sueño y fijamos para crear una resistencia contra el tiempo que todo lo rebasa.
Para él, la seducción que parece ex profesa en su obra, es el arte de lograr La llama doble como diría Octavio Paz, de tener un encuentro, una doble apertura, una comunicación profunda que vaya más allá de lo robótico que todos tenemos. Para T. S. Elliot el poeta era una especie de entretenedor, en esa medida el escritor tiene que usar todos sus recursos para engatusar al lector a caer en la trampa de la poesía, en ocasiones puede ser velado, otras no, pero cualquier poeta que busca publicar espera ser leído. La poesía es trabajo de todos porque implica al poeta, a sus lectores y a toda la gente, el poeta es solamente el canal.
Descendiente de una familia que amaba el arte, su abuela Laura Cornejo, fue amiga de los Contemporáneos y de Antonieta Rivas, Mercado, Francisco Martínez Negrete ha hecho de su casa, un recinto en donde abundan las obras de arte incluido un poema enmarcado de Pellicer que se exhibe en el baño, y crece al fondo de la misma un jardín salvaje, una 'bestia orgánica", como su poesía.
Tiene cuatro libros listos para ser editados y deseó que en México, se vuelvan a crear posibilidades para que los poetas tengan acercamientos con la gente como sucede en Cuba, Chile o Argentina, donde los lectores conocen, quieren a sus poetas y tiene una relación viva con ellos.
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