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San Pancho Villa
Ángel Trejo

EN ALGUNOS PUEBLOS DEL NORTE Y EL SUR DE TEXAS SE RINDE CULTO A SAN PANCHO VILLA: GILBERTO JIMÉNEZ CARRILLO

pancho-villa.jpgEn el preámbulo de su Anecdotario villista  -libro antológico publicado por el Instituto de Cultura, el gobierno estatal y el Congreso local del Estado de Durango- el escritor Gilberto Jiménez Carrillo dice que aunque prácticamente todo se ha dicho sobre el general Francisco Villa en libros, películas, reportajes, corridos, etcétera, en cada nuevo rastreo que se hace de su paso por la historia y la leyenda siempre surge algo nuevo o poco conocido que alimentará la figura mítica del Centauro del Norte, El Rayo de la Guerra, El Brazo Armado de la Revolución Mexicana y El Napoleón Mexicano.
 
En este contexto, el volumen de Jiménez Carrillo, integrado por 80 crónicas y ensayos históricos de diferentes autores y propios, cumple tal objetivo pues en el capítulo Santo y Milagroso (pp 129) recoge una imagen desconocida del  jefe de la División del Norte al revelar que en algunos pueblos del norte de México y el sur del estado de Texas, Estados Unidos, éste es objeto de culto religioso por cuenta de personas humildes (mexicanos y chicanos) que brindan a su imagen ofrendas luminarias a cambio de dinero, protección, amores, empleos y salud.
 
De acuerdo con este escrito del autor duranguense, el Bandido Milagroso (José Santos Chocano) la petición de ayuda más común consiste en prender una vela frente a una foto de San Pancho Villa, leer una gran novena ya impresa y tomar una bebida alcohólica (de preferencia tequila) para atraer el beneficio solicitado. Además de este rito, al que son muy afectos los chicanos, en las capillas de su patronazgo “se venden hierbas, amuletos, estampas, inciensos y veladoras”, dice Jiménez Carrillo.

La Gran Novena a Pancho Villa empieza así, según la versión del escritor duranguense: “Oh,pancho-villa-1.jpg Gloriosísimo revolucionario san Pancho Villa, siervo fiel y defensor del pueblo, tú que fuiste encarcelado, herido, perseguido por soldados extranjeros, asesinado, cortado y robada tu cabeza; Tú que con la bondad de tus hazañas, derrotando a los asesinos y traidores contrarrevolucionarios y castigando a los explotadores, hiciste poderosos y fieles a los pobres, nunca serás olvidado porque mucho se te quiere; por eso se te honra e invoca como incansable, combatiente y victorioso, santo patrón de los casos difíciles y desesperados”.
 
El Anecdotario villista, compuesto fundamentalmente por textos de origen popular, en muchos casos de personas que tuvieron acceso a testimonios y testigos presenciales de los hechos de Villa, recoge versiones como la del médico Rubén Osorio, en la que revela que Pancho Villa fue hijo natural del hacendado judioaustriaco Luis Ferman y su criada Micaela Arámbula, quien más tarde habría de juntarse con un hombre de apellido Arango que lo reconoció como hijo dándole su nombre: José Doroteo Arango Arámbula.
 
 El nombre histórico de Pancho Villa surgió pocos años después de que a los 19 años se dio a la fuga tras herir al hacendado Agustín López Negrete, quien intentó abusar sexualmente de una de sus hermanas, y de convertirse en cuatrero y robavacas con una banda de ladrones de caminos. Arango Arámbula nació en 1878 en la comunidad rural La Coyotada del municipio de San Juan del Río, Durango, y su incursión en la Revolución Mexicana de 1910 ocurrió en Chihuahua, donde para entonces era próspero expendedor de carne de res.
 
Las crónicas y artículos de la antología de Jiménez Carrillo, rica también en fotografías poco pancho-villa-1.jpgconocidas, describe a Villa en todas sus facetas: como militar genial, asesino cruel y sanguinario, perseguidor de curas, hombre hipersensible “capaz de llorar como un niño” -como lo hizo ante la tumba de Francisco I. Madero-, aficionado a la fiesta brava, a las peleas de gallos y “muy enamorado” o “mujeriego”, pues se le conocieron 18 parejas con 22 hijos (ocho mujeres y 14 hombres), aunque sólo se casó con cinco.
 
Hay un texto que encomia –igual que el historiador Frederick Katz, uno de sus biógrafos más afamados en el pasado reciente junto con Paco Ignaio Taibo II, y Martín Luis Guzmán y Pere Foix en la primera mitad del siglo XX- su breve gestión como gobernador militar en Chihuahua del 8 de diciembre de 1913 a enero de 1914, pues en ese lapso fundó el Banco de Chihuahua, expropió y distribuyó entre campesinos pobres 25 mil hectáreas, creó varias escuelas básicas, abarató alimentos y encarceló a comerciantes hambreadores.
 
Unos de los relatos de mayor intensidad dramática, debido a Elías Torres, describe la entrevista que Villa  sostuvo el 20 de septiembre de 1914 en Chihuahua con el general Álvaro Obregón  -otro de los grandes militares de la Revolución Mexicana de 1910 y expresidente de la República- en la que ambos estuvieron a punto de liarse a balazos y el jefe de la División del Norte ordenó perentoriamente, sin concretar dicha disposición, el fusilamiento del sonorense, quien había sido enviado por el  jefe de la Revolución Constitucionalista Venustiano Carranza.
 

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