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Arte Popular y Biodiversidad Cultural

A partir de este primer artículo y en subsecuentes materiales periodísticos, el Museo de Arte Popular guiará a los lectores en un recorrido por las diversas regiones de nuestro país para conocer la estrecha relación que guarda el trabajo de los artistas populares y su hábitat natural.

(Primera parte)

arte-popular.JPGHablar de lo que es y significa el arte popular de México nos traslada a varios siglos de historia, de creaciones en donde la tradición, las costumbres, el mestizaje y la inagotable diversidad de culturas han dado un pulso extraordinario a la producción artística de nuestro pueblo. Es hablar de un fenómeno insólito y poco común en otras latitudes.

Si se elaborara un nuevo mapa de la geografía del arte popular en México; pocos lugares de las tres regiones -norte, altiplano y sureste- que conforman nuestro territorio, quedarían fuera del mismo.

Arte popular denota realidades que se originan en los manantiales de la tradición de un pueblo y se producen, una a una, con cariñoso esmero. En ocasiones estas obras se califican como artesanías. Y lo son, si se entiende este vocablo en el sentido de ser creación que conlleva un estilo personal enraizado en la tradición familiar o en la región donde se vive, pero también para cubrir necesidades cotidianas de una comunidad.

Todos y cada uno de los rincones de nuestro país cuentan con artistas del pueblo, que aún sin proponérselo hacen de un metate, un molcajete, una olla o una cazuela, verdaderas obras de arte. Es la vida cotidiana que se transforma en pieza de colección; las manos milagrosas que convierten necesidades y miedos en espíritu, obras de arte popular surgidas de la biodiversidad que conforma su hábitat natural.


Dar forma al barro, a las fibras vegetales, manejar el infinito mundo de los colores y formas que existen en la naturaleza, rebasa la mera concepción utilitaria para transformarse en una pieza con valor artístico, siempre ligada a sus creencias y a su visión del cosmos.

El arte popular mexicano da cuenta de esta riqueza con una producción tan variada y tan sorpresiva, que cambia radicalmente de acuerdo a la biodiversidad de cada región, por grupos étnicos, por materiales y por técnicas,
 
cuyas motivaciones van de lo lúdico a lo sagrado, a lo utilitario, a veces sin hacer distingos; como bien lo plasmó Miguel Covarrubias en su pintura mural al óleo México y sus riquezas naturales, realizada en 1947 y que forma parte de la colección permanente del Museo de Arte Popular (MAP).

Los artesanos mexicanos, trabajan y dominan infinidad de materiales que se obtienen a lo largo y ancho del país: agaves de los que se extraen filamentos finísimos, lana teñida de diferentes colores, maderas preciosas, comunes o matojos, conchas y caracoles marinos, palmas, arcillas cerámicas de diferentes composiciones, y muchas otras más que resultaría casi imposible enumerar, además de ser tan variadas como el entorno.

Aunque muchas de las piezas de arte popular encierran un conocimiento milenario y su realización se basa en el dominio de las materias primas naturales y de las técnicas; en varios casos los procesos de elaboración se han transformado y adaptado a los cambios y las necesidades surgidas de los entornos natural, social y geográfico, dando lugar a la integración de novedosas soluciones.

De una u otra forma, el artista popular está siempre atento a los signos de la época y concibe piezas, con fines prácticos y estéticos, en las que expresa de forma libre sus emociones, sensibilidad y experiencias.

Se puede incluso interpretar que el artista “toma prestado” de la naturaleza, de esa diversidad de recursos naturales que le rodea, para luego regresar al mundo fabulosos objetos artesanales en los que recrea la historia social colectiva.

Es el testimonio de la vigorosa presencia de elementos tan diversos como los aportados por las culturas indígenas en un abierto diálogo con aquellos generados a partir del mestizaje. Cultura de culturas, la nuestra recoge la impronta del mundo árabe y de la cultura hispánica, tanto de la asiática y la del continente africano.

Hay que recordar que la conquista trastocó de manera muy profunda la cultura de los pueblos originarios. Fue un trauma, doloroso como todos, pero no significó su muerte. Los pueblos indígenas han sobrevivido y, luego de casi quinientos años, conservan sus lenguas y no pocas de sus diferencias culturales; entre ellas, precisamente el sentido creador que los ha llevado a mantener vivas sus manifestaciones artísticas, que se nutren en su propia cultura y en aquello que da cuerpo a su identidad.

Las artes populares de México, como las de cualquier otro país, son espejo del rostro y el corazón de sus respectivos pueblos. Son preciado tesoro que debemos conservar y fomentar. Pensemos tan sólo en algunas muestras de su arte popular intangible: los relatos que mantiene viva la tradición, incluso en lenguas indígenas; los corridos, que al entonarse evocan múltiples aconteceres; la música popular con sus sones, huapangos, etc., cuyas

composiciones, no pocas de autores anónimos, son ejecutadas con instrumentos que también se deben al ingenio popular, entre ellos guitarras, tambores, marimbas y sonajas. Sin olvidar aquellos que datan de la época prehispánica, como: teponaztli, flautas, caracoles, vainas, etc.

A diferencia de lo que se cree el artista popular no es un improvisado, sin preparación; casi todos los que responden a esta designación aprenden su oficio desde pequeños, casi jugando. Si bien es cierto que el oficio se transmite de padres a hijos, de generación en generación, quienes revolucionan el arte popular son los que enriquecen los conocimientos aprendidos.

En fin, la historia del arte mexicano, es la historia de encuentros y desencuentros de diversas culturas y de sus mecanismos de persistencia, resistencia y, en su caso, asimilación de modelos artísticos ajenos que los hacedores de arte han incorporado en su tarea, dentro de un largo proceso secular.

Es el reconocimiento de nuestra pluralidad cultural, de la diversidad étnica, regional y lingüística que nos define, donde radica el sentido más cabal de nuestra nacionalidad, entendida como el rostro pleno de vitalidad que, hoy como ayer, nos permite identificarnos entre las culturas más importantes del mundo.

Debemos cooperar a que se dignifique el trabajo de ocho millones de artistas populares que hay en México. Existe una aseveración que a la letra dice: sólo es posible amar aquello que se conoce.

Disfrutemos de la exuberancia del arte popular mexicano, patrimonio cultural de este país. La vida cotidiana transformada en piezas de arte, que pueden ser conocidas y admiradas al visitar la colección permanente que se exhibe en el Museo de Arte Popular (MAP), ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Esperamos que su visita al MAP sea un parteaguas en la comprensión, en el estudio y en la concientización del valor que guardan las artes populares y la estrecha relación que guardan con la exuberante biodiversidad de nuestro país

Emilio Ortiz Marín

Museo de Arte Popular

Revillagigedo No. 11 (entrada por Independencia)
Centro Histórico    México, D. F.    C. P. 06050
(cerca de las estaciones del Metro; Juárez e Hidalgo)

(información adicional, aparte del artículo; considerando que su publicación sea para el mes de septiembre)

Exposición Vidrio mexicano: El misterio de la luz

A nueve semanas de su inauguración, alrededor de 25 mil personas han tenido la oportunidad de experimentar un auténtico placer visual por la belleza que el vidrio imprime a los más diversos objetos, a través del trabajo de manos hábiles y casi mágicas de artesanos y artistas que han sabido explotar las posibilidades de este elemento.

El misterio de la luz se encuentra conformada por alrededor de 400 piezas, entre las que destaca la colección de 22 obras de Feliciano Béjar.

Montada a manera de un recorrido cronológico, la muestra brinda al espectador la oportunidad de disfrutar de la belleza del diseño y de las diversas formas de transformación; usos y aplicaciones, nobleza y versatilidad de este elemento.

Una excelente ocasión para admirar una espléndida colección de piezas elaboradas a base de chaquira, que pocas veces se ha presentado en el país.
Además, conocerá facetas tanto químicas, históricas, técnicas, económicas, científicas y estadísticas de la fabricación del vidrio en México.

La exposición temporal, que abarca una superficie aproximada de 500 metros cuadrados, permanecerá abierta hasta el 30 de septiembre próximo en el Museo de Arte Popular (MAP).

En su visita a este recinto, el público podrá disfrutar también de la exposición permanente que se exhibe en cuatro diferentes salas:

* Esencia: Raíces del            * Lo Sagrado
             
Arte Popular Mexicano


* Vida Cotidiana                  * Lo Fantástico

A r t e  h e c h o  d e  M é x i c o

H o r a r i o s

Museo: Martes a domingo, de 10:00 a 17:00 hrs. y jueves de 10:00 a 21:00 hrs.

Atención al público: Tel.- 55 10 22 01  ext.- 128, Urania Núñez.

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