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La conservación, un factor esencial en la edad madura
Muchas personas consideran que cuarenta años es una buena
edad para hacer balance de la vida. Lo mismo le ocurre a la Convención
para la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural de 1972,
que en 2012 celebrará su cuadragésimo aniversario. Desde su creación en
virtud las disposiciones de esa convención, la Lista del Patrimonio
Mundial se ha ido alargando hasta comprender hoy 878 sitios de 145
Estados Partes, de los cuales 679 son culturales, 174 naturales y 25
mixtos. Al ritmo al que van las inscripciones en la Lista, ésta contará
pronto con un millar de sitios.
¿Es esto positivo? ¿Cómo pueden la UNESCO y el Comité del Patrimonio
Mundial –organismo encargado del establecimiento, puesta al día y
difusión de la Lista– supervisar tal cantidad de sitios y coadyuvar a
su conservación? ¿Cómo se puede preservar o incluso reforzar la
pertinencia de la Lista?
Estos y otros interrogantes van a ser examinados por el conjunto
de la comunidad mundial dedicada a la conservación de los sitios
culturales y naturales, durante la 33ª reunión del Comité del
Patrimonio Mundial que tendrá lugar del 22 al 30 de junio en Sevilla
(España). De hecho, el proceso de examen de esas cuestiones ya se
inició con el taller de dos días de duración organizado el pasado
invierno en París, al que acudieron miembros del Comité del Patrimonio
Mundial, delegados de los Estados Partes en la Convención y
representantes de los organismos consultivos del Comité, esto es, el
Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), especializado en
la conservación de los sitios culturales, y la Unión Internacional para
la Conservación de la Naturaleza y sus Recursos (UICN).
“No es en absoluto negativo que la Lista del Patrimonio Mundial
llegue a contar con mil sitios inscritos”, dice Francesco Bandarin,
Director del Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO, refiriéndose a
la adición anual de sitios a dicha Lista. No obstante, señala que la
supervisión de los sitios –sometidos a visitas periódicas de inspección
por grupos de expertos– plantea problemas a la UNESCO, debido a que los
limitados recursos financieros y humanos de que ésta dispone dan cada
vez menos de sí.
La Convención –que siempre ha tenido como finalidad esencial
fomentar la solidaridad internacional para la salvaguardia el
patrimonio cultural y natural, así como sensibilizar a la opinión
pública al valor de éste– declara que ciertos sitios, por presentar un
“valor universal excepcional”, deben conservarse como elementos del
patrimonio de la humanidad entera. No obstante, como la Convención
reconoce la soberanía nacional sobre esos sitios, los Estados son
responsables de la gestión de todos los bienes culturales y naturales
que proponen para su inscripción en la Lista.
Desde que se efectuaron las dos primeras inscripciones en la Lista
del Patrimonio Mundial en 1978 –los sitios de las Islas Galápagos y de
la Ciudad de Quito, registrados con los números 1 y 2,
respectivamente–, los expertos se fueron percatando poco a poco de que
era necesario que figurasen en ella, además de palacios, catedrales y
edificios históricos, otros bienes culturales. De hecho, la Lista
comprende ahora sitios que son notables ejemplos de la arquitectura
moderna como los Bloques de viviendas modernistas de Berlín, inscritas
en 2008, o algunas instalaciones industriales, como las Oficinas
salitreras de Humberstone y Santa Laura en Chile, inscritas en 2005.
“Esto pone de manifiesto que el concepto de patrimonio mundial es
algo vivo y que la Lista refleja la evolución de lo que entendemos por
cultura y naturaleza”, dice Bandarin, para quien la Lista debe tener un
carácter inclusivo, sin establecer un catálogo restrictivo y
competitivo parecido al de la Siete Maravillas de la Antigüedad.
Desde los primeros tiempos de la entrada en vigor de la Convención
del Patrimonio Mundial, se inscribieron también en la Lista sitios
transnacionales y transfronterizos, tanto culturales como naturales,
que hoy en día alcanzan ya la cifra de veintiuno. Un notable ejemplo de
las posibilidades de cooperación que ofrecen las creaciones de sitios
transfronterizos nos lo proporciona el Arco Geodésico de Struve,
inscrito en 2005, que se extiende por Belarrús, Estonia, la Federación
de Rusia, Finlandia, Letonia, Lituania, Noruega, la República de
Moldova, Suecia y Ucrania. Por otra parte, hoy en día, a la hora de
nominar un sitio para su inscripción, se presta una gran atención a la
existencia de planes detallados de gestión del mismo, así como a la
creación de una zona tampón protectora en todo su entorno.
Lo que está en juego –según convienen en afirmar la UNESCO y el
Comité del Patrimonio Mundial– es la necesidad de garantizar la
credibilidad de la Lista, elemento clave de la llamada “política de las
cinco ‘ces’” defendida por el Comité, junto con la conservación, la
creación de capacidades, la comunicación y el concurso de las
comunidades. Si el Patrimonio Mundial quiere conservar la imagen
positiva que tiene, debe garantizar que los sitios inscritos poseen
realmente un “valor universal excepcional”. También se deben aplicar
medidas de conservación adecuadas –lo cual exige formar a profesionales
cualificados– y se tiene que sensibilizar al público al valor del
Patrimonio Mundial y la importancia de protegerlo. Además, se debe
hacer participar a las comunidades locales en la elaboración de los
planes de gestión de los sitios y en los beneficios que se deriven de
su aplicación.
“Sin embargo, los instrumentos de que disponemos no nos
proporcionan muchos medios para llevar a cabo todo eso” dice Bandarin,
antes de señalar que las disposiciones de la Convención sólo prevén la
inscripción de sitios en la Lista del Patrimonio Mundial o, cuando su
estado necesita una ayuda internacional, en la Lista del Patrimonio
Mundial en Peligro. Una medida radical, a la que sólo se ha recurrido
una vez hasta la fecha, es la retirada de un sitio de la Lista (caso
del Santuario del Órix Árabe de Omán, inscrito en 1994 y retirado en
2007).
Entre tanto, se están preparando medidas que deben contribuir a la
preservación del Patrimonio Mundial en todo el planeta. Entre ellas,
figura la creación de centros regionales especializados de formación e
investigación para formar profesionales expertos en conservación y
crear una red internacional destinada al intercambio de conocimientos
especializados y el aprovechamiento compartido de las prácticas más
idóneas.
Este es tan sólo uno de los proyectos en curso de elaboración. Los
delegados que acudan a la reunión del Comité del Patrimonio Mundial en
Sevilla, además de examinar los medios para reforzar la protección del
patrimonio cultural y natural internacional, planificarán las
celebraciones del cuadragésimo aniversario de la Convención que tendrá
lugar en 2012. Esta efeméride ofrecerá una magnífica oportunidad para
sensibilizar al público a la importancia y el valor del Patrimonio
Mundial.
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