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La periodista mexicana Lydia Cacho Ribeiro (de 45 años), recibirá en Maputo (Mozambique) el Premio Mundial de Libertad de Prensa UNESCO-Guillermo Cano 2008 el 3 de mayo, Día Mundial de la Libertad de Prensa.
Lydia Cacho Ribeiro: “La visibilidad internacional es un escudo para los periodistas amenazados”
“Creo en el papel del periodismo como linterna del mundo, como un derecho de la sociedad para saber y entender; creo que los derechos humanos no se negocian. Mientras siga viva seguiré escribiendo y con lo escrito, seguiré viviendo”. Así de rotundo es el credo de Lydia Cacho Ribeiro (México D.F., 1963), que compagina su labor como periodista independiente con la dirección de un centro de atención a mujeres maltratadas en Cancún. Acaba de ganar el Premio UNESCO-Guillermo Cano de Libertad de Prensa.
Entrevista realizada por Lucía Iglesias Kuntz (UNESCO). (Photo copyright © José Gallardo / Random House Mondadori)
En sus libros y en cientos de reportajes usted ha denunciado temas como la pederastia, la trata de menores, la corrupción, el crimen organizado, la discriminación y la violencia de género, todo ello entre amenazas de muerte, intentos de ataque contra su vida y batallas legales. ¿De dónde le viene esa fuerza?Mi trabajo periodístico y mi labor como ciudadana mexicana están íntimamente relacionados. La defensa de los derechos humanos es un tema que me ha tocado desde muy pequeña. Mi madre, que era francesa y llegó muy joven a México, ejerció desde siempre un activismo social que formaba parte de su vida y así nos educó. Crecí en una familia donde la defensa de los derechos humanos era una responsabilidad natural de ciudadana, no un esfuerzo ni un sacrificio. Luego de haber tenido durante muchos años un programa en una radio comunitaria en Quintana Roo, hablábamos todo el tiempo de la violencia de género y de pronto las mujeres llegaban a la estación de radio con golpes de machete, nos contaban las amenazas de muerte que les hacían sus esposos… me pedían ayuda y yo no sabía qué hacer por ellas. Entonces decidimos crear un grupo de ayuda y finalmente pudimos abrir un refugio de alta seguridad para mujeres, niñas y niños víctimas de violencia y un centro de atención. ¿Cómo funciona?
El Centro Integral de Atención a la Mujer y sus hijos (CIAM-Cancún) es
una asociación civil sin fines de lucro y vive de donativos. Yo lo
dirijo, pero vivo de mi trabajo periodístico; sin embargo, los
empleados que colaboran con nosotros sí tienen un sueldo, son
profesionales de defensa de las víctimas. El CIAM ha sido reconocido
por instancias internacionales como el mejor centro de atención de
México. Es una organización bastante avanzada, y hemos protegido a
esposas de narcotraficantes, de políticos, de albañiles, de campesinos,
es decir, a cualquier mujer que pida ayuda porque vive una relación
violenta.
¿Piensa usted que las cosas están cambiando? ¿Vale la pena todo este trabajo?
Por supuesto que vale la pena, hay muchas transformaciones, hay sujetos
en la cárcel por el libro que yo escribí [Los demonios del Edén,
Grijalbo Mondadori, 2005], hay muchas víctimas que han salido a la luz
y que recibieron atención en diferentes lugares del país. Hay una
reacción social importantísima y ése es uno de los grandes honores. Más
allá de cualquier premio es lo que ratifica que nuestro trabajo como
periodistas funciona y sirve de algo. Además, a partir de mi
encarcelamiento y de toda la reacción de los medios y como consecuencia
de actores sociales y políticos importantes, se despenalizó el
periodismo en México. Yo fui a la cárcel precisamente porque los
periodistas podíamos ser encarcelados por una acusación de difamación y
calumnia, gracias a mi caso desapareció esto. Ahora se puede llevar a
un juicio civil como en cualquier país más avanzado. Por otro lado,
mejoraron mucho las leyes con respecto a la pornografía infantil, pero
sobre todo se mediatizó el tema, es decir, en México el abuso sexual
infantil y la pederastia eran temas absolutamente silenciados e
intocables, y a partir de mi caso, han salido una cantidad de foros e
incluso se han creado organizaciones especializadas.
Personalmente, ¿tiene miedo?, ¿lo ha tenido en algún momento de su carrera?
Evidentemente, lo he tenido, cuando fui secuestrada, a fines de 2005,
en las veinte horas de tortura en que estuve detenida en el camino de
Cancún hacia el centro de la República. Con el tiempo uno aprende a
taimarlo y a entender el miedo como un instrumento para tomar
decisiones y para hacer estrategias. Además, debo decir que luego de
veinte llamadas de amenaza de muerte una aprende a vivir sin tomarlas
tan en cuenta, porque sería una locura. Habría que dejar no solamente
el país, sino tal vez la profesión, y yo no estoy dispuesta.
¿Tiene protección especial para moverse?
Durante casi tres años tuve una escolta federal de cuatro agentes y
viajaba a todas partes con una camioneta blindada. Sin embargo, en
marzo de 2007 hubo un atentado en contra de esa camioneta federal y la
propia policía sigue sin investigarlo, por lo que no parece que la
seguridad en manos de agentes federales sea tal. Hace unos meses decidí
dejar esa escolta y tomar las precauciones normales que toma todo
reportero que anda por el mundo, teniendo mucho cuidado.
Pero, en esas circunstancias, ¿le es posible hacer su trabajo con normalidad?
Justamente es la trampa de las medidas cautelares que nos ponen a los
periodistas. Haciendo el tipo de trabajo que yo hago de investigación
sobre crimen organizado y derechos humanos, es muy difícil lograr que
ciertas fuentes hablen con nosotros sabiendo que estamos rodeados de
una escolta que todo el tiempo sabe a dónde voy. El año pasado, cuando
comencé a escribir mi libro sobre trata de mujeres en el mundo me sentí
muy presionada porque no tenía la libertad de hablar con mis fuentes.
Verdaderamente tener escolta y ser periodista es como estar presa, es
como si fuéramos unos delincuentes que tenemos que estar protegidos por
una policía que no se sabe si te protege o te espía.
¿Qué supone para usted recibir el Premio UNESCO-Guillermo Cano de libertad de prensa?
En primer lugar es un honor recibir un reconocimiento de esta
naturaleza, cuando en realidad estoy haciendo un trabajo que yo amo y
que considero indispensable para un país como el mío. Emocionalmente es
importante sentirse acompañada en momentos en que por mi trabajo he
sido encarcelada y torturada y, como consecuencia de ello, se ha
descubierto los niveles de corrupción de que son víctimas los
periodistas en mi país, que, después de Iraq, es uno de los más
peligrosos del mundo para ejercer la profesión.
Por otro lado, me parece que estos premios de alguna manera nos dan
cierta protección, porque la visibilidad internacional es como un
escudo para los periodistas amenazados y al menos sube el costo para
los criminales que quieran ultimar nuestras vidas.
¿En qué está trabajando actualmente?
Como le digo, estoy terminando un libro que habla sobre las redes
internacionales de trata de mujeres y niñas. Es un mapa mundial no
solamente de quiénes son y cómo funcionan estas redes que compran y
venden seres humanos, sino además de cómo se vinculan los personajes de
los gobiernos locales e internacionales para la protección de las redes
de trata de mujeres y niñas.
¿Cómo se presenta la situación actual de la libertad de prensa e información en México?
Es evidente que en los últimos años el periodismo en México se ha
convertido en un elemento fundamental para la transformación del país,
porque los procesos democráticos necesariamente llevan a una mayor
veracidad de la información. Durante setenta años, el gobierno
unipartidista que tuvo el país había tenido controlados a los medios,
tanto en lo económico como en el contenido. A partir del cambio de
gobierno en el sexenio anterior (2000-2006), con el presidente Vicente
Fox se da cierta apertura de los medios que los periodistas mexicanos
estamos aprendiendo a manejar. Y en el 2008, ser periodista en México
es una tarea indispensable para poder revelar las condiciones reales
del país: un país con 104 millones de personas y 30 millones sometidos
a una pobreza extrema, un país donde los ricos son más ricos que los
europeos y los pobres más pobres que los africanos. Quienes
desempeñamos la profesión de periodistas tenemos que entender los
contrastes y el riesgo que corremos para mostrar los elementos de fondo
de la problemática nacional.
El 3 de mayo la UNESCO celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa
centrándose en el tema del acceso a la información. ¿Cómo puede
lograrse que las poblaciones tengan acceso a una información plural e
independiente?
Los medios electrónicos juegan un papel fundamental. En México, la
monopolización de los medios, que ha sido tan criticada por la
comunidad internacional, es el tema de este siglo. En un país en el que
pese a todo subsisten los monopolios televisivos y radiofónicos,
mantener las radios comunitarias es lo que nos salva. Lamentablemente,
en este momento estamos entrando en una era de represión a estas
emisoras. Hace unos días en Oaxaca fueron asesinadas dos jóvenes que
manejaban una radio comunitaria que transmitía información en una de
las lenguas tradicionales mexicanas. Aquí en el estado de Quintana Roo,
donde vivo y trabajo desde hace 22 años, se habla maya, aunque los
contenidos en esta lengua son muy escasos. Con esto lo que planteo es
que necesitamos más radios comunitarias e invertir en los medios
electrónicos, que son los más accesibles para la población mexicana,
aunque lo más importante es mejorar radicalmente los contenidos.
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