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Crónica del Carnaval de Mazatlán |
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Crónica Carnavalera
De la festividad y el desenfado, a la tragedia
Por: Mario Martini Con Motivo del Carnaval 2010
 Dos décadas bastaron para que una verbena popular con aspiraciones se convirtiera en la efusiva veneración de la carne y la época en que se puede comer, que los mazatlecos honramos digna y oficialmente desde 1898. Antes de los desenfrenados 20, el Carnaval fue una fiesta doméstica, de ribetes provincianos, donde el puritanismo lograba frenar los excesos de quienes rendían pleitesía al Dios Baal, cuya generosidad lo permite todo. La llegada del frenético charlestón dio un giro a la monótona vida de las mazatlecas que fueron seducidas por la liberal actriz Louise Brooks o cayeron rendidas ante las contorsiones de Josephine Baker
Para ser una crónica carnavalera, la presente está cargada de tragedias y hechos que no deberían estar en el relato de la mayor y más efectiva purificación y renacimiento del pueblo mazatleco. Sin embargo, son parte sustantiva del jolgorio y sin ellos sería tanto como excluir el contexto de los últimos 112 años de carnavales.
Desde el 12 de febrero de 1827, cuando la tropa acantonada en el puerto protestó para exigir el pago de los haberes, acto que por su forma bufa fue aprobado por los historiadores contemporáneos como el antecedente más serio del Carnaval y después de su institucionalización, en 1898, está comprobado que las acechanzas y perjuicios del subdesarrollo le hacen lo que el viento a Juárez. Desgracias naturales, revoluciones o falta de liquidez fueron incapaces de liquidarlo. El siempre ánimo dispuesto de los mazatlecos, fue vencido en pocas ocasiones por eventos extraordinarios, como las epidemias y la pobreza, lo que no lograron las balas revolucionarias en el sitio del puerto en 1914 o la cantidad de muertos ocurridos a fines de la década de los 30 y comienzo del 40, cuota sangrienta del agrarismo
Convertidos en institución inmarcesible, los carnavales de Mazatlán operaron –y operan- como la tregua que la humanidad necesita para aliviar agravios y renovar propósitos. La purificación de cuerpo y alma. Algún sociólogo avezado podrá desenredar este fenómeno de excesos y catarsis multitudinaria que a ritmo de charlestón, mambo, rock and rol o cha-cha-cha ha o música de banda mira pasar la vida con desenfado, en una semana que parece congelarse para siempre.
Galería de Reinas del Carnaval de Mazatlán de 1900 a 1919
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